martes, 9 de abril de 2019

Más rarezas de David Lynch


Más rarezas de David Lynch
La semana pasada disfrutamos y nos reímos un rato viendo cómo David Lynch intentaba comprar el útero de Raffaela deLaurentiis. Sin duda, merece la pena seguir descubriendo lo extraño y singular que es este personaje, ¿verdad?

Dicho esto, retomamos el artículo de OskarBelategui en el que basamos el anterior texto para seguir desentrañando rarezas del gran David Lynch, que el autor extrae del libro ‘Espacio para soñar’, que el director de Missoula realizó junto a su amiga Kristine McKenna, y que en España ha publicado la Editorial Reservoir Books.
Agarraos, porque esto no ha hecho más que comenzar.

Las cosas de David Lynch

El que más y el que menos sabe que trabajar con Anthony Hopkins no siempre es sencillo. Es un tipo solitario y un poco hosco a veces. Este gran actor coincidió con David Lynch en 1980 rodando El hombre elefante. El de Missoula había recibido gran confianza de parte de Mel Brooks, y eso que, por entonces, solo había dirigido Cabeza Borradora. Y la relación, pese a que Lynch era bastante joven y nuevo, no fue buena. De hecho, dirigió a Hopkins a gritos, quien, según el director, estaba enfadado con la vida. Tanto fue el cántaro a la fuente que al actor le dijo a Brooks que despidiera a ese cabronazo, cosa que, por suerte, no hizo el productor.  
Ya sabemos que Dune no es precisamente la película preferida de Lynch. El director lo pasó realmente mal cuando, al no tener por contrato la potestad del montaje final, vio cómo su film de cinco horas quedaba en poco más de 130 minutos. De hecho, la obra hoy de culto fue calificada como la peor del año. Un fracaso de taquilla rodado en el desierto de México donde el director dilapidó 40 millones de dólares mientras se duchaba con vodka en la boca para no beberse el agua del lugar.
Continuará…


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